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Entrevista a directora de Imhay: «La adolescencia tiene como etapa ir separándose de los padres y eso se ha visto afectado con la pandemia»

En el programa de radio «El Mostrador en la clave», la académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y directora de Imhay, Dra. Vania Martínez se refirió a las afecciones a la salud mental en niñas, niños y adolescentes producto de la pandemia.

«El hecho de que empiecen a retornar a los colegios puede ser un factor protector» en cuanto a salud mental de menores, Vania Martínez, psiquiatra infantil y del adolescente.

Y agregó que «gran parte de ellos (adolescentes) han dicho que se ha afectado su estado de ánimo con la pandemia. 3 de cada 4 de ellos».

Ve la entrevista completa en el siguiente link:

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Imhay participa en la redacción de documento que otorga propuestas desde las Cs. Sociales, Humanidades y Artes respecto a la situación de Chile en el contexto de la pandemia de COVID-19.

El documento es fruto del trabajo entre diversos investigadores, entre ellos, la directora de Imhay, Dra. Vania Martínez, y centros de investigación de áreas de las Ciencias Sociales, Humanidades y Artes. Su objetivo es entregar recomendaciones para tomadoras y tomadores de decisión en el contexto socio-sanitario actual, derivado de la pandemia del Covid-19.

Las recomendaciones ofrecidas por el documento «Aporte de las Ciencias Sociales, Humanidades y Artes en el contexto socio-sanitario actual de Chile» están organizadas en cinco dimensiones: estado y sociedad, medios y tecnología, salud mental, prácticas culturales y territorio, cultura y subjetividades. Asimismo, el documento distingue entre recomendaciones de corto, mediano y largo plazo. Esperamos que estas recomendaciones contribuyan a las políticas públicas en materia social y cultural, no solo en el actual contexto de pandemia, sino también en un futuro de mediano y largo plazo.

Los momentos principales del proceso de redacción fueron los siguientes: En primer lugar, entre fines del 2020 e inicios del 2021, el comité redactor elaboró una versión inicial del documento “Resumen para tomadoras y tomadores de decisión”. En segundo lugar, a fines de enero de 2021, dicha versión fue enviada a presidentas y presidentes de sociedades científicas y asociaciones de investigadoras e investigadores de Chile correspondientes a las áreas de Ciencias Sociales, Artes y Humanidades, así como también a directoras y directores de centros y otras unidades de investigación en dichas áreas. Se envió el documento con la solicitud de socializarlo en las respectivas entidades y recoger observaciones, comentarios y nuevas recomendaciones que complementaran las ya existentes. Asimismo, el comité redactor mantuvo contacto con expertas y expertos en las áreas mencionadas, a fin de recoger opiniones fundadas que enriqueciesen el documento. En tercer lugar, una vez recogidos los aportes, se procedió a la redacción definitiva del documento, entre abril y junio del 2021.

Las recomendaciones ofrecidas en el presente documento están organizadas en cinco dimensiones: estado y sociedad, medios y tecnología, salud mental, prácticas culturales y territorio, cultura y subjetividades. Asimismo, el documento distingue entre recomendaciones de corto, mediano y largo plazo. Al presentar las recomendaciones para cada dimensión, se expone, a modo de introducción, una breve descripción del contexto. Cada una de las recomendaciones indicadas en el cuerpo del documento está detallada en la ficha correspondiente, al final del documento.

Descarga el documento AQUÍ

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Dra. Vania Martínez sobre el acceso a salud mental en Chile: “Tenemos una brecha importante”

En conversación con CNN Chile, la especialista manifestó que el gasto en salud mental en el país es aproximadamente un 2,4% del presupuesto total de salud, muy por debajo del 6% recomendado por la OMS. «No existe en la práctica la posibilidad de que toda la gente que tiene estos problemas reciba una cobertura adecuada”, indicó la directora de Imhay.

Hace algunos días, la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó el nuevo Atlas de Salud Mental, documento que dejó en evidencia un “decepcionante panorama de fracaso mundial” respecto a la atención de padecimientos como la depresión o la ansiedad.

La Dra. Vania Martínez explicó que, en Chile, las Garantías Explícitas en Salud (GES) cubren cuatro patologías de salud mental: la depresión y el trastorno bipolar en mayores de 15 años, y la esquizofrenia y los problemas de consumo de alcohol y drogas en menores de 20 años.

“Esos son temas bastante prevalentes, aunque estaríamos en deuda también con los trastornos de ansiedad (…). Sin embargo, aun así, no existe en la práctica la posibilidad de que toda la gente que tiene estos problemas de salud reciba una cobertura adecuada”, reconoció en entrevista con CNN Chile.

La directora del Núcleo Milenio para Mejorar la Salud Mental de Adolescentes y Jóvenes Imhay sostuvo que la pandemia complejizó aún más el acceso a prestaciones de salud. “Muchos profesionales han destinado horas de atención a otras labores (…) y también hemos visto un aumento de la demanda”.

En Chile, el gasto en salud mental es aproximadamente un 2,4% del presupuesto total de salud, muy por debajo del 6% recomendado por la OMS, afirmó Martínez. “Todavía tenemos una brecha importante que esperamos (…) poder visibilizar para que se pueda ir aumentando (el financiamiento)”.

Los más afectados durante la pandemia

Una encuesta realizada por Imhay junto a diferentes universidades reveló los efectos de la pandemia en los adolescentes. “Los resultados preliminares nos muestran que tres de cada cuatro jóvenes nos comentan que su salud mental se ha visto afectada”, detalló la Dra. Martínez.

Cerca de un 25% de las mujeres y un 15% de los hombres tienen depresión y trastornos de ansiedad (…) En el caso de los problemas de consumo perjudicial de alcohol y drogas, son los hombres los que tienen más problemas con alrededor de un 8% en comparación al 5% de las mujeres”.

Ve la entrevista en el siguiente link:

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Reportaje: Rompiendo el estigma de los problemas de salud mental

En Chile, la encuesta “Un año de COVID-19”, realizada por Ipsos a principios de este año, reveló que un 56% de las personas consultadas aseguró que su salud mental y emocional había empeorado en comparación con los anteriores. Por otro lado, el Informe Estadístico 2020 de Licencias Médicas en Chile, realizado por la Superintendencia de Seguridad Social, Superintendencia de Salud, Compin y Fonasa, muestra que las licencias por enfermedades de salud mental aumentaron de un 23,6% del total de licencias en 2019 a un 28,7% en 2020.

Entrevistada por la revista Héroes, la directora de Imhay y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Dra. Vania Martínez, afirma que la generación universitaria está mucho más cercana a la temática de salud mental, mientras que en las personas mayores sigue existiendo más estigma. “No ven que los síntomas que tiene una persona, por ejemplo, con depresión, no son por un problema de falta de voluntad de salir adelante, sino que son parte de una enfermedad”.

Y agrega: “Es muy necesario educar en torno a los problemas de salud mental, considerando que se relacionan a múltiples factores, incluyendo la predisposición biológica y el ambiente familiar y social en el que se vive”. En definitiva, los problemas de salud mental no conocen fronteras, y no hay edades tempranas ni tardías para consultar y comprometerse con un tratamiento.

Lee el reportaje completo AQUÍ

Fuente: Constanza Pérez, Revista de Los Héroes.

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Entrevista a la investigadora Imhay Scarlett Mac-Ginty: Salud mental universitaria

En el programa A tu Salud de radio Universidad de Chile, la investigadora joven de Imhay candidata a Doctora en el Servicio de Salud e Investigación Poblacional del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King’s College de Londres, Scarlett Mac-Ginty, conversó con la periodista Cecilia Espinosa sobre #enlaUvamosjuntxs, iniciativa de la Universidad de Chile en conjunto con el Núcleo Milenio Imhay, respecto a los resultados de la primera encuesta aplicada en el año 2020, la descripción y el análisis de los factores protectores y factores de riesgo para el bienestar subjetivo, en el marco de los estudios universitarios; el efecto de la pandemia y los acontecimientos adversos que tensionan la salud mental de los jóvenes universitarios/as; cómo identificar una crisis de salud mental en el contexto universitario; la elaboración de un plan de seguridad, el acceso a la primera ayuda y la prevención temprana del suicidio.

“Uno de los hallazgos importantes a señalar es que la prevalencia de sintomatología depresiva y ansiosa entre las y los estudiantes universitarios es altísima y eso se ve no sólo en Chile, sino que se ve también en muchos estudios internacionales que se han hecho, se ha visto que, en general, los universitarios presentan más problemas de salud mental que sus pares de su misma edad que no asisten a la universidad», indicó Scarlett Mac-Ginty.

Y agregó: “Entonces, eso también es interesante conocer qué pasa en la universidad, ya que si bien la educación es un factor protector de los problemas de salud mental, durante la época universitaria pasan ciertas cosas que hacen que las y los jóvenes se vean afectados con más estrés, con otras problemáticas que tienen que enfrentar y que hacen que tengan que enfrentar más problemas de salud mental que sus pares”

“Otro de los elementos importantes es cuáles de los estudiantes podrían estar más en riesgo de tener un problema de salud mental y en esto, el estudio que hemos desarrollado ha sido bien consistente en que, en primer lugar, las estudiantes que reportan ser mujeres, presentan mucha más sintomatología depresiva y ansiosa que sus pares hombres. Y particularmente, cuando hacemos un análisis de identidad de género, los estudiantes que se definen como transgénero o género no binario tienen una prevalencia mucho más alta, tanto en depresión, ansiedad y riesgo suicidia”, comentó la investigadora joven de Imhay.

Escucha la entrevista en el siguiente link:

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Estigmatización social: Cuando la salud mental se apunta con el dedo

Con la pandemia se ha hablado muchísimo sobre salud mental. Las cifras son alarmantes: el 56% de los chilenos estima que ha empeorado desde que comenzó la pandemia del coronavirus, según una encuesta internacional presentada por el Foro Económico Mundial. Por otro lado, un estudio de la Asociación Chilena de Seguridad y la Universidad Católica, difundido en mayo, muestra que 32,8% de las personas tuvieron síntomas asociados a problemas de salud mental en abril, 6 puntos más que la medición de noviembre de 2020.

Entrevistado por la revista YA, el doctor Ricardo Araya, profesor de salud mental global en King’s College London, Inglaterra e investigador senior de Imhay, señala que en Chile el 25% de las personas tiene o va a tener algún trastorno de este tipo.

Y agrega que: “La estigmatización es un problema global que se basa en ideas prejuiciosas, enraizadas en las personas y en las instituciones, que conducen a prácticas discriminatorias. Cuando tienes un trastorno de salud mental, la vida se hace más difícil, pero también pasa eso cuando, por ejemplo, tienes diabetes. El punto es que, en el caso de la salud mental, también tienes que cargar con el hecho de ser discriminado y llevar una etiqueta que no es liviana. Además, lo que tienes te incapacita, porque pierdes confianza en ti mismo, tu autoestima disminuye. A nivel personal, se junta el trastorno con toda la carga del estigma».

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“Hablar de suicidio no mata, el silencio sí”: Radiografía a Chile

En Chile, hay alrededor de 1.800 personas que mueren anualmente por suicidio. En el mes de septiembre, conocido por destacar la prevención del suicidio a nivel mundial, es importante conocer las cifras para dirigir los recursos y reflejar estos datos en un mejor acceso a la salud mental. Pero no nos podemos olvidar que estas cifras representan vidas y familias que quedan con el dolor y la culpa que involucra que un ser querido se quite la vida.

Entrevistado por The Clinic nuestro investigador, Dr. Álvaro Jiménez señala que Chile tuvo un aumento en las tasas de suicidio muy importante entre el 2000 y el 2010. La buena noticia es que el año pasado hubo una reducción importante en la cantidad de suicidios anuales. Una disminución de un 16% si se compara con los tres años anteriores.  “Lo que significa que en 2020 hubo la tasa de suicidio más baja de las últimas dos décadas, desde el 2000 en adelante. Eso es super paradojal, porque los síntomas ansiosos y depresivos aumentaron y eso en los problemas de salud mental y del suicidio son factores de riesgo que están asociados, entonces podríamos haber esperado que aumentaran la cantidad de suicidios en la población”, indica el también académico de la Facultad de Psicología de la U. Diego Portales.

Cuando suena el teléfono en Línea Libre, el canal de apoyo psicológico para niñas, niños y jóvenes, para contener, intervenir en crisis y ayudar a orientar con inquietudes de salud mental o vulneración de derechos, Diego Riveros, psicólogo del canal, respira antes de contestar. “Los motivos de consulta pueden ser variados. Pero de esos motivos de consulta, en promedio, tres diarios se relacionan con comportamiento de riesgo suicida”, dice.

Un comportamiento que se va generando a partir de una mezcla de factores, cuenta Emanuel Pacheco, padrastro de Katherine Winter, joven de 16 años que murió por suicidio en mayo del 2018. “Es una mezcla entre ‘me siento solo, me siento como una carga y siento que lo que estoy viviendo va a ser permanente’. Entonces cuando esas tres burbujas, por así decirlo, se unen, es que genera ese dolor, el cual te lleva a pensar que la única forma de terminar con eso es terminar con tu vida”, explica sobre lo que viven las personas con ideación suicida.

Cuando la acción es tardía

Según cifras oficiales, alrededor de 1.800 mueren por suicidio al año en el país. Personas que viven un dolor tan grande que no saben de qué otra forma superarlo, más que quitándose la vida. Como recalcan los psiquiatras, es un suceso por el que todos podemos pasar, y a la vez, un suceso prevenible.

Estas cifras sirven para conocer, informarnos y enfocar los esfuerzos a proteger a estas personas y el círculo afectado, pero cada estadística es una representación de una persona. Niño, niña, adolescente, joven o adulto mayor, cada uno puede pasar por una experiencia que lleve a estas decisiones que se cree, especialmente este año, puede llegar a un riesgo excepcional considerando la situación de salud mental en la población. Y para evitarlo hay que atrevernos a mencionarlo, conversarlo, discutirlo sin prejuicios y enfrentarlo como comunidad en lugar de individuos alienados. Porque el número representa a quiénes llegan a la muerte, pero la cifra de intentos de suicidio es desconocida y mucho mayor.

Mundialmente el suicidio sigue siendo una de las principales causas de muerte, según las últimas estimaciones de la Organización Mundial de la Salud. En 2019, más de 700.000 personas murieron por suicidio, muy superior a los fallecidos por VIH o cáncer de mama.

En Chile, el 2019, hubo 1.900 muertes por suicidio y el 2020, 1.593según el informe creado por el Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud. La información de 2019 a 2020 aún está sujeta a cambios a medida que se actualizan los datos. Las cifras oficiales llegan hasta el 2018 debido a la sensibilidad de la información, la validación de los datos tiene que ser rigurosamente analizada, lo que se demora dos años aproximadamente.

Las cifras a nivel global siempre muestran que hay más muertes por suicidio en hombres que en mujeres. En Chile, ocurre lo mismo: por cada cuatro hombres que mueren por suicidio, muere una mujer por la misma causa. Como indican las tasas, en 2018 la tasa de suicidios en hombres fue de 17,5 muertes por 100.000 habitantes hombres, mientras que en mujeres fue de 3,5 por cada 100.000 mujeres.

Tasas observadas de mortalidad por suicidio en Chile 2000-2018. Crédito: DEIS, 2021.

Al observar por edad, las tasas más altas están en la población entre 45 y 54 años, con una tasa 13,8 por 100.000 habitantes. A nivel mundial, las tasas de suicidio más altas se ubican en la población de 70 años y más, lo que muestra cierto patrón en la población de mayor edad con tasas de muerte siempre de las más altas en relación a los otros grupos de edad, como se explica desde el Programa Nacional de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud.

La situación en Chile para este grupo también ha evidenciado altas tasas, como explica Ana Paula Vieira, Presidenta de la Fundación Míranos, que pone foco en la prevención del suicidio en adultos mayores. La experta dice que ocurre mucho más en adultos mayores hombres que en mujeres, si normalmente la razón entre suicidios masculinos en comparación a femeninos es de 4 es a 1; en el caso de adultos mayores la razón aumenta a 10 es a 1. Por lo que, por cada 10 adultos mayores hombres que mueren por suicidio, muere una mujer mayor por el mismo motivo. “Hay algunas características que pueden explicar esto. Los hombres sobre 60, en general, son de una época donde escuchaban que los hombres no lloran. Entonces ellos aprendieron de una forma a ocultar sus emociones. Pueden tener más dificultad en expresar sus sentimientos, en pedir ayuda. Tampoco participan mucho de actividades recreativas, por lo que viven más aislamiento, lo que es un factor de riesgo”, explica Vieira.

Tasas observadas de mortalidad por suicidio en Chile según edad en 2018. Crédito: DEIS, 2021

Aunque observar las cifras y estadísticas para identificar en qué segmentos ocurren más suicidios sirve para informarse y planear estrategias de prevención, no hay que olvidar que detrás de estos números hay personas, familias y círculos profundamente afectados. Son experiencias traumáticas que llevan a los familiares a sentirse culpables por años o para siempre en algunos casos. Los entrevistados para este reportaje, luego de haber sufrido pérdidas, han volcado sus esfuerzos en entregar las herramientas que pueden prevenir llegar a estas trágicas situaciones.

Todos son vulnerables. Bajo la tormenta perfecta todos somos vulnerables, tú, yo, cualquiera”, enfatiza la Directora ejecutiva de la Red de Equipos de Prevención del Suicidio (REPS), Psicóloga y Magíster en Conducta Suicida, Claudia Baros. “Hay un estigma con el suicidio como que le va a pasar a otro, como que es de otro, de alguno que tiene un problema porque es más vulnerable. No. A cualquiera le puede pasar. La conducta suicida es demasiado dolor emocional, un dolor emocional que se vive tan intensamente que sientes que no lo puedes soportar. Cualquier ser humano tiene todos los mecanismos biológicos para sentir un dolor intenso. Hay muchas experiencias que son dolorosas y si son demasiadas nos botan. A todos nos puede pasar, y a la vez, todos podemos prevenir. Todos podemos ayudar y prestar una oreja. Es algo comunitario”.

Un recuerdo cercano

Venía de un viaje cuando murió su hijo de 20 años en 2005, cuenta Paulina del Río, presidenta de Fundación José Ignacio que se enfoca en la prevención de suicidio y en el acompañamiento a las familias que han vivido pérdidas. “Cuando llegué a Chile, él todavía estaba en el Servicio Médico Legal y me permitieron verlo. Lo que fue muy importante porque tenía que verlo. No podía convencerme de que estuviera muerto y de ahí para adelante… todo fue un shock”, dice.

– ¿Cuándo se te pasó el shock?

– A los tres meses. Un día entrando a la casa me doy cuenta de que José Ignacio no está y no va a estar nunca más– dice, 16 años después.

Quitarse la vida es un fenómeno muy complejo y difícil de entender. Para Paulina una de las herramientas que ayudaron en su proceso de duelo fue volcar su energía en ayudar a otros jóvenes que pasan por lo mismo. “Escribí en un blog donde los niños compartían métodos y escribí: ‘Mi hijo se suicidó, no tuvo a nadie que lo escuchara, si quieres hablar con alguien, estoy aquí’. Empezaron a llegar cientos de mensajes y desde ahí comencé con la fundación”, cuenta Paulina.

De la misma manera, Emanuel Pachecho, padrastro de Katherine Winter y su mamá, Evanyely Zamorano, crearon en 2018 la Fundación Summer, especialmente enfocada en adolescentes y jóvenes que viven ciberacoso. “Lastimosamente, al igual que en situación de ciberacoso que es lo que más estudiamos, hablar de suicidio sigue siendo muy tabú. El acceso a una buena calidad de salud mental es muy complejo. Conseguir una cita con un psicólogo y poder llegar a tener una terapia que sea continua, aún sigue siendo difícil. Por lo tanto, el espacio de contención se limita a ojalá la familia, pero si la familia no tiene las herramientas para hacerse cargo, acompañar de una forma correcta o escuchar. se hace mucho más complejo conseguir ayuda”, dice Emanuel sobre la situación actual en Chile, donde se invierte el 2,1% del total del presupuesto de salud en salud mental, según los últimos informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

“Fue en mayo de 2018 que perdimos a Katy por suicidio y a mí me pasó que no entendí qué significaba eso. Me costó hablar de suicidio por lo menos unos 7 meses, incluso decir la palabra. Porque no podía entender cómo mi hija había tomado esa decisión y siempre pensé que estaba para ella, que estábamos con ella, que la acompañábamos, pero cuando empecé a estudiarlo me di cuenta de que no estábamos capacitados para haberla ayudado como ella necesitaba que la ayudáramos”, cuenta Emanuel de su experiencia. Fue luego de estudiarlo e ir de a poco comprendiendo el suceso que se dieron cuenta que es prevenible. “Ahí dijimos que tenemos que crear una fundación para comunicar esto, para hablar con papás, para hablar con familias, para hablar con colegios, para capacitar profesores y estar atentos en comunidad a quienes puedan estar pasando por esto”, agrega. 

Factores de riesgo

¿Cuál es el perfil de las personas que cometen suicidio?

La respuesta de todos los psicólogos y psiquiatras entrevistados es que el suicidio es multicausal. Se debe a una suma de sucesos que van gatillando la idea de quitarse la vida. “Una seguidilla de dolores que te van haciendo sentir que la vida es muy difícil de continuar. Que este dolor que estás sintiendo es demasiado complejo y todas estas personas que han estado al borde, que lo han intentado literalmente te dicen que quieren arrancarse el pecho, quieren dejar de sentir el dolor que están sintiendo y su cerebro les hace creer que la única forma de terminar con este dolor es terminar con su vida”, dice Emanuel.

Uno de los factores para este tipo de comportamiento se relaciona con eventos negativos que las personas han sufrido en su vida y entre los cuales no han encontrado una red de apoyo suficiente o necesaria, explica Diego Riveros, psicólogo del canal Línea Libre de Fundación para la Confianza. “Desde ahí vemos cómo a lo largo de su vida se van aislando o desarrollando sentimientos de desesperanza o distanciamiento. Por eso es tan importante hablar del riesgo del comportamiento suicida más que desde el suicidio que es el extremo más radical. Que una persona llegue a suicidarse quiere decir que ya atravesó toda esta escala. En la que vamos viendo que al principio a lo mejor comenzó a aislarse, a mostrar desmotivación con cosas que le gustaban. Algunos pueden comenzar a tener conductas de riesgo como el consumo problemático de alcohol o alguna sustancia, escasas redes de apoyo están entre los factores que pueden llevar a alguien al riesgo del comportamiento suicida”, explica desde lo que ve en la fundación, donde reciben 800 llamados mensualmente, ya sea pidiendo apoyo psicológico o en momentos de crisis.

Es importante enfocarse en las etapas de transición entre la niñez y adolescencia y entre la adolescencia y la adultez. Etapas en que se puede ser más proclive a presentar mayores niveles de estrés y conflictos emocionales. “Son épocas donde se generan rupturas en las etapas vitales de cada uno, lo que puede aumentar la posibilidad de tener algún riesgo de comportamiento suicida. Y así, se puede acrecentar el desarrollo de la desesperanza, la soledad, una baja autoestima, bajas relaciones interpersonales”, dice el psicólogo, quien afirma que mirar los datos sirve para el desarrollo de políticas públicas que busquen prevenir. “Creo que lo más importante es cómo reflejamos esos datos en un mejor acceso a la salud mental”, enfatiza Diego Riveros.

Suicidio Femicida

En abril, Antonia Garros Hermosilla habría cumplido 28 años. Pero, 5 años atrás, el 7 de febrero del 2017 murió por suicidio. A diferencia de las vidas de los jóvenes anteriormente mencionados, con Antonia se habla de otro concepto, el de la inducción al suicidio. Llevaba dos años en una relación tóxica y su mamá, Consuelo Hermosilla, hoy dirige una fundación para abordar el tema de la violencia en el pololeo y lucha constantemente para que se apruebe la “Ley Antonia” que tipifica la inducción al suicidio como delito y está en trámite desde 2017.

Es difícil verificar cifras de estos hechos, como explica Consuelo Hermosilla, directora de Fundación Antonia. No se trata solo de un evento, hay que conocer el contexto para aclarar que un suicidio femicida, no corresponde en la lista de suicidios, sino que de suicidios inducidos por terceros. Este año, han ocurrido al menos tres sucesos de este tipo, según la Red Contra la Violencia hacia las Mujeres.

“Suicidio femicida no es un término que la gente conozca. La gente escucha suicidio y da por hecho que si tú te quitaste la vida es responsabilidad tuya. Todavía no somos capaces de apuntar a quién tiene la responsabilidad, del agresor o agresora. Es muy complejo y si la familia o el entorno de la víctima no busca realmente de qué se trataba o si no se trata de aclarar, para la gente todo termina siendo responsabilidad de la persona que se quitó la vida”, dice Consuelo.

Consuelo cuenta que su hija estaba en una relación de dependencia emocional, como ocurre con muchas personas en relaciones que involucran abuso y violencia. “Tienes a una persona, que es de las pocas relaciones que te quedan porque es una manipulación constante donde tratan de alejarte de tus amigos y familia. Esa persona te dice que no sirves para nada, que no le haces falta a nadie, que te mates… Con la misma mano que te hizo cariños un día, ahora te arrastra por el piso del departamento desde el pelo”, dice Consuelo.

Y es una violencia que viven muchas mujeres que van a su fundación buscando ayuda. Mujeres que han sido manipuladas por años y que realmente comienzan a creer lo que los agresores les dicen, hasta el punto de que ellas mismas justifican los actos del agresor, explica Consuelo. “Escuchamos a algunas personas que nos dicen: ‘él actúa así cuando en su casa le hacen problemas’. Realmente piensan que él agresor o la agresora no son los causantes, no es quien elige eso, es como que fueran personas que no tienen voluntad. Termina siendo tanto la violencia psicológica que puede dejar secuelas que son irreparables”, dice. Por lo que es esencial hablar del tema, preguntar por quienes se cree pueden vivir estas situaciones y entregar los espacios para la conversación abierta y sin prejuicios. 

“Hablar de suicidio no mata, el silencio sí”

Cuando Ana Paula Vieira, Directora de la Fundación Míranos era niña, perdió a dos personas mayores muy cercanas por suicidio. “Hombres mayores cercanos a mi familia y me llamó mucho la atención principalmente por el silencio de estas muertes. No se hablaba casi nada”, dice. Dedicó su vida a trabajar con personas mayores y se dio cuenta de que el suicidio en esta población etaria es alto, muchísimo más de lo que se habla.

“El nombre yo lo elegí como desde las propias personas mayores diciendo ‘Míranos nosotros estamos aquí, también necesitamos de apoyo en salud mental’. Entonces fue una necesidad de visibilizar y apoyar”, explica Ana Paula. Dice que es importante que estas personas y todos tengan factores de protección. Estar en compañía, pertenecer a grupos y redes de apoyo, tener acceso a la salud mental, entre otros. “Las personas mayores también tienen que hablar de lo que sienten, de lo que necesitan y derivarles oportunamente el acceso a la salud mental y para esto hay que hablar de suicidio. Hablar de suicidio no mata, el silencio sí”, agrega.

Y durante la pandemia entre quienes han pensado en suicidarse, los que presentan más intentos de suicidio son las personas mayores de 60 años, explican en un estudio de la Red de Equipos de Prevención del Suicidio (REPS). Es decir, que de quienes han tenido pensamientos suicidas, el 47,1% tienen sobre 60 años, y a la vez, son el grupo que menos busca ayuda cuando presentan conducta suicida.

Suicidio en pandemia

En Chile, durante la última década, la tasa de suicidio venía disminuyendo del 2010 al 2019 excepto en los adultos mayores, explica Álvaro Jimenez, psicólogo, académico de la Facultad de Psicología UDP e investigador postdoctoral de Imhay. ”Chile tuvo un aumento en las tasas de suicidio muy importante entre el 2000 y el 2010. Eso produjo que comenzarán a implementarse varias políticas de prevención como el Programa Nacional de Prevención del Suicidio que comenzó el 2013”, dice el académico.

La buena noticia es que el año pasado hubo una reducción importante en la cantidad de suicidios anuales. Una disminución de un 16% si se compara con los tres años anteriores. En otras palabras, entre 2016 y 2019 hubo en promedio 1.864 suicidios por año, mientras que en 2020 hubo 1.571. Esto representa una tasa de 10 muertes por suicidio por cada 100.000 habitantes en comparación a una tasa de 8 suicidios por 100.000 habitantes en 2020. “Lo que significa que en 2020 hubo la tasa de suicidio más baja de las últimas dos décadas, desde el 2000 en adelante. Eso es super paradojal, porque los síntomas ansiosos y depresivos aumentaron y eso en los problemas de salud mental y del suicidio son factores de riesgo que están asociados, entonces podríamos haber esperado que aumentaran la cantidad de suicidios en la población”, dice Álvaro Jiménez.

Si tienes ideas suicidas o las has tenido en algún momento, te recomendamos que llames cuanto antes al Fono Salud Responde del Ministerio de Salud, al teléfono 6003607777, a través del cual especialistas te brindarán ayuda, o que te comuniques por chat con los profesionales de Fundación Todo Mejora en http://todomejora.org.

Números seguros:

  • Salud Responde: 600 360 7777Fono Mayor: 800 4000 35
  • Fono Infancia: 800 200 818
  • Apoyo para niños, niñas y adolescentes: 1515
  • Fono Drogas y Alcohol: 1412
  • Fono orientación y ayuda para víctimas de violencia intrafamiliar: 1455
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Vuelve a verlo: Seminario internacional «Suicidio y autolesiones en la adolescencia y adultez emergente»

En el marco de una nueva conmemoración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el Núcleo Milenio para mejorar la salud mental en adolescentes y jóvenes (Imhay), la Universidad Austral de Chile y un grupo de investigadores de la Universidad de Barcelona y la Universidad Autónoma de Barcelona, España, organizaron este seminario con el objetivo de compartir con la comunidad la importancia de la prevención del suicidio en población adolescente y jóvenes.

Como una forma de socializar el rol de la investigación en esta temática, el seminario tuvi como objetivos: caracterizar el comportamiento suicida en los adolescentes y en la adultez emergente, y comprender cómo surgen las autolesiones en la adolescencia y adultez emergente, como conductas de riesgo que pueden potenciar conductas suicidas con el tiempo.

Vuelve a ver este seminario y suscríbete a nuestro canal de YouTube, donde iremos subiendo más contenidos sobre salud mental.

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El confinamiento y sus efectos: juventud interrumpida

La psiquiatra infantil y del adolescente, y directora de Imhay, Dra. Vania Martínez explica en esta entrevista que producto de la pandemia, y según estudios realizados para evaluar sus efectos en la salud mental, gran parte de la población estaría presentando cuadros de ansiedad, frustración y dificultades en el sueño. Sin embargo, advierte que son los jóvenes y adolescentes quienes se han visto más perjudicados: “No son solo unos meses difíciles; es todo un periodo de su vida el que está siendo alterado”.

La pandemia comenzó a cobrar lo suyo. Diversos son los factores que están influyendo en el aumento de la prevalencia de problemas de salud mental: no saber cuánto durará, el temor a la muerte de un ser querido, la incertidumbre en el plano económico, las dificultades en la convivencia –con diversos grados de hacinamiento–, el cambio de roles laborales o domésticos y los efectos directos del encierro se suman para generar un nivel excepcional de estrés. La doctora Vania Martínez, tal como los infectólogos, se preparó por años para enfrentar esta realidad compleja, en que los cuadros psiquiátricos aumentan o se agravan. Estudió Medicina y decidió especializarse en Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia, por lo que ahora está en la primera línea abordando los trastornos mentales.

—¿Cómo ha sido la experiencia de la pandemia para usted? Con el covid-19 uno piensa en servicios de urgencia atestados, en escasez de camas UCI, pero no en crisis de salud mental.

—Desde el estallido social se hizo más visible la necesidad de favorecer el cuidado de nuestro estado mental. Incluso la prensa se sumó ante la necesidad de que las personas tomen conciencia de los impactos que han sufrido en este aspecto. Desde la Mesa Social Covid-19 se solicitó al rector de la Universidad de Chile generar un documento con una estrategia para proteger la salud mental de la población. Participé de ese trabajo que hicimos llegar al gobierno y que dio origen al programa SaludableMente. Sin embargo -afirma tajante–, no es suficiente.

La doctora critica el estado del tema en Chile, lo lejos que estamos de la inversión necesaria en esta problemática: “Este año el porcentaje del presupuesto de salud que se invierte en salud mental subió de 2% a 2,4%, cuando la OMS promueve el 6%. Y no es que solo nos superen los países desarrollados, también hay otros, como Uruguay, que invierten decididamente en esta materia”.

Desde la iniciativa Salud Mental es Salud, en la que la doctora Martínez también participa, junto con proponer un aumento del presupuesto, se hizo notar la necesidad de mejorar la cobertura de las isapres: “Muchas ponen un tope de 10 sesiones sicológicas, cuando en salud física no tienen esa clase de limitaciones”.

—¿Es un problema de nuestra sociedad el no poder integrar esta realidad?

—Hay algo de eso. Actualmente existe una bancada transversal de algunos diputados que se preocupa del tema. Además, hay fundaciones familiares que nacieron por algún problema o necesidad de uno de sus miembros, pero es algo incipiente, escaso. Incluso, cuando una persona finalmente va a un consultorio, se encuentra con que no hay una hora oportuna para la atención de problemas de este tipo, cuando sí la hay en otras especialidades. Y esto se acentuó justo ahora, porque coincide con que hay mucho personal de salud mental que está colaborando en otras áreas, como trazabilidad de coronavirus. También se hicieron evidentes algunas barreras tecnológicas para tratarse a distancia, como mala conexión o falta de acceso a Internet. Asimismo, con el confinamiento también ha surgido el problema de la confidencialidad, ya que las personas no quieren tratarse a distancia porque en su casa no cuentan con un espacio aislado que les permita hablar con tranquilidad acerca de sus problemas. Algunos prefieren chatear, lo que no es lo mismo, aunque puede ser una alternativa.

—Como especialista en salud mental de adolescentes y jóvenes que le ha tocado integrar varias mesas de expertos del Ministerio de Salud, ¿cómo evalúa la situación de este grupo etario?

Hay investigaciones por edad y, efectivamente, adolescentes y jóvenes están entre los más afectados por la pandemia. Uno diría que los adultos mayores, por temor a contagiarse o por su mayor dificultad con el manejo de la tecnología, en algunos casos, podrían ser los más vulnerables. Sin embargo, son los jóvenes, aunque uno piense que tienen el mundo por delante, que manejan bien la tecnología y que igual lo pasan bien. Pero no es así. Tienen estrés, ansiedad, depresión, más que en otros grupos. La búsqueda de identidad es uno de los procesos clave de la etapa adolescente y es más difícil hacerlo con un confinamiento prolongado. No es lo mismo, en términos de desarrollo, dos años de tu vida si pones como inicio los 13 o los 43 años. Entre los 13 y los 15 años hay muchos cambios a todo nivel: biológico, psicológico y social. Por ello, el llamado es a observarlos a tiempo, ofrecer cuidados, detectar síntomas para no llegar a situaciones extremas como el suicidio. En especial, porque ven a sus padres alterados y, por lo mismo, no comparten sus problemas. En el caso de los universitarios, por ejemplo, hay una generación que está cursando un segundo año sin conocer a sus compañeros ni sus escuelas, por lo que resienten el estar perdiendo algo importante de la vida.

Individuo y comunidad: Dos dimensiones que se complementan

La doctora Martínez nació en una familia donde la medicina era una disciplina dominante, con padre ginecólogo y madre dermatóloga. De a poco fue descubriendo que su vocación coincidía con la de sus progenitores, pero para construir su propio camino, prefirió entrar a Medicina en la UC: “Mis padres eran profesores en la Universidad de Chile y no quería que me conocieran por ser ‘la hija de…’”. Más tarde sintió afinidad con la pediatría. Estuvo dos años en Los Andes en atención primaria y ahí comenzó a trabajar con la comunidad, en promoción, en participación, en saber de sus necesidades, y se dio cuenta de que tal vez lo suyo era la salud mental.

Luego, el escaso desarrollo de la salud mental en Chile no la ayudó: “No sabía cómo hacerlo tampoco, había tenido una sola clase de psiquiatría infantil en toda la carrera, tuve que ir a conversar con una especialista en esta área y recién entonces me di cuenta de que era un gran campo en el que me veía trabajando. Luego, en la formación de la especialidad en la Universidad de Chile mi interés fue más allá de los diagnósticos psiquiátricos y la farmacoterapia. Me interesé por la investigación, la divulgación y la psicoterapia. Agradezco enormemente el haber contado con el apoyo de mi familia”.

—¿Usted plantea la conveniencia de incluir la salud mental en las carreras de educación?

—En educación sería muy necesario, los profesores pueden ser grandes aliados, pero también en otras carreras, por ejemplo, en Arquitectura y Urbanismo. Es importante el aporte de un ambiente humano, con áreas verdes. Eso está estudiado, cómo las políticas en vivienda y transporte impactan en la salud mental.

Nos recuerda que estamos todos, ahora mismo, percibiendo más que nunca esta realidad: “Como estamos más horas en la casa, nos damos cuenta – más allá de los impactos del hacinamiento de los ruidos más cercanos, los ladridos, las máquinas de cortar el pasto o las sopladoras de hojas. Todo el entorno nos afecta”.

—Usted ha trabajado en regiones, en el sur; ¿ha encontrado una realidad diferente?

—Dirigí una investigación para el tratamiento de adolescentes con depresión antes de la pandemia. Hubo una respuesta positiva que me sorprendió, porque a través del teléfono confiaban cosas que no habían compartido presencialmente. Antes de la pandemia, el uso de la tecnología para atenciones psicológicas muchas veces era mal visto por médicos y psicólogos, por parecer una forma de relación fría, sin contacto ocular, sin tono emocional, pero –forzados por este nuevo contexto– se ha visto que lo virtual es útil. Se comprobó que pueden reducirse los síntomas y que el paciente experimenta satisfacción con un proceso a distancia. Uno puede comunicarse con el personal de los consultorios a distancia, pedir una segunda opinión a un experto, aprovechar ciertas ventajas.

Creo que muchos de los tratamientos de salud mental, después de la pandemia, van a ser híbridos, donde se mezclará lo presencial con lo virtual.

 —Parecía que íbamos a un mundo más global y consciente, por la crisis climática, pero ahora, tal vez aumentará el consumo, los viajes, con ganas de recuperar lo perdido.

—No estaría tan segura de eso. En los jóvenes es muy fuerte la conciencia ambiental, la discusión de qué es sustentable, el animalismo, al grado de no querer tener hijos por pensar que no es el momento para eso. Ellos van a seguir en eso, incluso más reforzado porque la propia pandemia ha puesto en valor lo colectivo y colaborativo, versus lo individual y competitivo. De todas formas, los mismos viajes tienen un componente positivo al conocer otras realidades, mundos diferentes y, por lo mismo, muchos estudiantes quieren hacer sus pasantías en otras culturas.

—Hay un debate reiterado en cuanto a que la especie humana ha sobrevivido, según algunos, gracias a su espíritu competitivo; en tantos otros afirman lo contrario, que se debe a su capacidad de compartir. ¿En cuál se ubica usted?

—Hay un poco de los dos. Los jóvenes se quejan de esta cultura competitiva, por obtener las mejores notas, alcanzar altos logros, pero advierten que eso no se alcanza solo, que hay que formar equipos y redes. Incluso echan de menos la experiencia de grupo, algo que es tan propio de esta etapa de la vida, de los rituales significativos, y de estar en contacto con la naturaleza.

También han visto, en los funerales de ahora, lo trágico de la muerte sin compañía. La del individuo y la de la comunidad son dos dimensiones necesarias, que deben complementarse en una justa medida.

Las señales de riesgo

Vania Martínez sigue compitiendo cada año para financiar sus proyectos, dado el escaso apoyo a la investigación y, en particular, a la salud mental en Chile, a pesar de sumar más de 20 años de estudios y perfeccionamiento en su área de trabajo. Es licenciada en Medicina y médico cirujano de la UC, con especialidad en Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia de la U. de Chile; es magíster en Psicología Clínica de la U. Diego Portales y magíster en Psicoterapia de la UC; es doctora en Medicina por la U. de Heidelberg (Alemania) y doctora en Psicoterapia por la UC.

Actualmente, es profesora titular en el Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente (Cemera) de la Facultad de Medicina de la U. de Chile y directora de un Núcleo Milenio para Mejorar la Salud Mental de Adolescentes y Jóvenes (Imhay), y está postulando en el Concurso de Núcleos de Ciencias Sociales 2021 para la renovación del centro que dirige. Destaca la importancia de un equipo de trabajo interdisciplinario, en el que cada uno aporte desde su mirada para un objetivo en común. Además, este trabajo considera la participación protagónica de los mismos jóvenes.

—Usted destaca mucho la necesidad de la acción no profesional, de la familia, del entorno, incluso la atención no especializada.

—Es buena la prevención, por ejemplo, como las campañas que llaman a ayudar al que lo necesita, que promueven la búsqueda de ayuda. A veces, si la familia es ciega –lo que sucede muchas veces–, un amigo o amiga puede darse cuenta mejor de un problema, incluso al leer algo publicado en las redes sociales. Es muy bueno que los pares aporten su ayuda, y no diciendo que “no es para tanto” o “tira pa’rriba”, sino instando al amigo a consultar cuando hay síntomas, porque ante la depresión, el no querer vivir, el hablar de suicidio, hay que saber cómo reaccionar. La familia muchas veces no distingue entre lo normal y lo patológico, incluso critica al que está sufriendo el problema, en lugar de incentivarles a buscar ayuda profesional.

Por otra parte, los padres pueden ser de mucha ayuda si buscan la conversación o si observan qué expresa su hijo adolescente, y cómo lo hace. Así pueden advertir a tiempo las señales de riesgo.

La doctora Martínez ha sido una vocera que demanda apoyo de la familia, de la comunidad, de los servicios municipales de atención no especializada y de la sociedad civil organizada y colaborativa para frenar la curva de los trastornos por salud mental.

—¿Todavía son fuertes las barreras, los estigmas, en torno a la salud mental? ¿Incluso en Santiago?

—Ha ido cambiando con las nuevas generaciones. Los jóvenes de 18 y 19 años están ahora mucho más cercanos, ellos consultan, pero todavía ven en sus propias familias esa cultura de que hay que arreglárselas solo y salir adelante por sí mismo. Esa es la principal barrera, la creencia de que se puede salir por sí solo, sin ayuda profesional, cuando es mucho mejor actuar al principio. Un cuadro grave ya es difícil de tratar, si es leve o moderado es mucho más fácil, por eso hay que consultar oportunamente. La segunda barrera es que, como no se habla, no saben dónde ir ni dónde consultar. Lo tercero es que hay un costo económico y un tiempo que disponer; lo cuarto, pero en disminución, la vergüenza, y para esto ha sido muy útil ver que personas públicas estén compartiendo lo que están viviendo, que comentan que tienen un problema de salud mental y que se están tratando.


Cuida tu ánimo

La aplicación para dispositivos móviles “Cuida tu Ánimo” tiene como objetivo facilitar el acceso a herramientas para la prevención e intervención oportuna de la depresión y el riesgo suicida en jóvenes, una materia de especial cuidado en el contexto de la pandemia. La tecnología está dirigida especialmente a jóvenes entre los 15 y 29 años y se encuentra disponible de forma gratuita en Google Play, AppGallery y App Store.

Este proyecto digital fue escalando gracias a la adjudicación de un fondo otorgado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación llamado “Salud Mental, cómo la ciencia nos cuida”.

En esta aplicación se le pide al usuario que complete un cuestionario de síntomas y, según las respuestas, se accede a una segunda etapa con un programa personalizado que incluye desde indicaciones de alimentación y horas de sueño hasta la sugerencia de consultar si hay síntomas de riesgo, llamando y solicitando ayuda, por ejemplo, al programa “Salud Responde”, del Ministerio de Salud. La plataforma es gratuita, en español y está basada en investigaciones científicas desarrolladas durante varios años. Ha sido utilizada en 18 países y descargada unas 1.500 veces.

Porimhay

Hablar de suicidio sigue rodeado de estigmas, mitos y tabúes

El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, organizado por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) y copatrocinado por la OMS, cuyo principal objetivo es visibilizar que esta es una conducta que se puede prevenir.

“Uno de los factores claves para poder abordar la prevención del suicidio tiene que ver con las barreras de acceso a la atención. En Chile, el presupuesto destinado a salud mental es solo 2,5% del total de salud, muy por debajo del 6% recomendado por la OMS, dando cuenta de los escasísimos recursos que tiene el sistema para brindar una atención adecuada”, comentó Vania Martínez, directora de Imhay y una de las coordinadoras de la Red Salud Mental es Salud.

En el mundo, más de 700.000 personas se quitan la vida al año tras numerosos intentos de suicidio, lo que corresponde a una muerte cada 45 segundos.

En Chile, según datos del Ministerio de Salud, 1.800 personas mueren anualmente por esta causa y por cada uno de estos, alrededor de 20 personas realizan un intento suicida.

Sin embargo, la mortalidad por suicidio en nuestro país se ha estabilizado durante los últimos años, presentando tasas menores al promedio de la OCDE. A pesar de ello, el suicidio está entre las primeras 3 causas de muerte en adolescentes y jóvenes de 10 a 24 años y tiene la mayor tasa de incidencia en las personas mayores.

Un problema de salud pública

El suicidio es una problemática de salud pública importante pero a menudo desatendida, cuyo abordaje está rodeado de estigmas, mitos y tabúes. Cada caso de suicidio afecta gravemente no solo a los individuos, sino también a sus familias y a la comunidad.

Representa un problema complejo y multidimensional en el que intervienen diversos factores: psicológicos, ambientales, sociales y biológicos, que suelen actuar de forma acumulativa para aumentar la vulnerabilidad de la conducta suicida.

En niños y adolescentes, influyen especialmente factores como la historia psiquiátrica familiar, enfermedades mentales, la pérdida de un ser querido, la depresión, aislamiento social, consumo de drogas y alcohol.

Para mujeres y hombres adultos, suponen un factor muy importante las relaciones con otras personas, la violencia doméstica o el estrés en el ámbito de la familia, aunado a las enfermedades mentales, consumo de alcohol y drogas, entornos familiares problemáticos.

El grupo de personas mayores cuentan especialmente factores como la depresión, el dolor físico a causa de una enfermedad, el aislamiento social y familiar.

Efecto pandemia

En tiempos de pandemia la situación se ha complejizado. Así se aprecia en el Termómetro de la Salud Mental en Chile ACHS-UC, en su cuarta ronda entregada en agosto de este año, donde se plantea que el 47,3% de la muestra de hogares en el país exhibe síntomas leves a severos de depresión, mientras el 23,6% manifiesta sospecha o presencia de problemas de salud mental, el 21% expresa sentir soledad y un 11,6% presenta un consumo de alto riesgo de alcohol, todos factores de riesgo en materia de suicidio.

“Uno de los factores claves para poder abordar la prevención del suicidio tiene que ver con las barreras de acceso a la atención. En Chile, el presupuesto destinado a salud mental es solo 2,5% del total de salud, muy por debajo del 6% recomendado por la OMS, dando cuenta de los escasísimos recursos que tiene el sistema para brindar una atención adecuada”, comentó Vania Martínez, una de las coordinadoras de la Red Salud Mental es Salud, subrayando que a esto se suma la escasa cobertura del sistema privado para la salud mental, que solo ayuda a agravar el problema y dificultar la prevención.

Desde la Red Salud Mental es Salud, que congrega a más de 20 organizaciones de profesionales, especialistas y agrupaciones de pacientes y familiares, señalan que todos podemos tener un rol en la prevención: desde comprender y trabajar la empatía, validar los sentimientos y utilizar un lenguaje adecuado, hasta estar atentos a las señales de alerta, de manera de poder conectar con la ayuda profesional necesaria y que la sociedad en su conjunto -desde el Estado, el sistema educativo, las comunidades y las familias- asuman su rol en la prevención y acompañamiento.

Señales de alerta

Las señales de alerta indirecta son:

– Desinterés, desánimo o desesperanza.
– Irritabilidad e intranquilidad.
– Pérdida de interés o fatiga.
– Disminución del rendimiento académico o laboral y de las habilidades para interactuar con otros.
– Aumento en el consumo de alcohol y/u otras drogas.
– Alteración de los patrones de sueño y alimentación.
– Alejamiento de amigos y familiares.

La señales de alerta directa son:

– Expresión verbal o escrita de suicidio sobre: deseos o amenazas de morir, herirse o matarse.
– Sentimientos de desesperación, entrampamiento, bloqueo o sufrimiento que no puede soportar.
– Sentimientos de ser una carga para otros o el responsable de todo lo malo que sucede.
– Búsqueda de modos para matarse, en internet o redes sociales.
– Intentos por acceder a medios letales.
– Realizar actos de despedida: cartas o mensajes (ej. En redes sociales), dejar regalos o hablar como si ya no fuera a estar más presente.
– Mostrar conductas auto lesivas: cortes, quemaduras o rasguños en el cuerpo.

Vania Martínez asegura que a pesar de que los casos de suicidio se han visto disminuidos este último año, “se ha creado una tormenta perfecta para que estos aumenten postpandemia, y es necesario que las comunidades actúen preventivamente, siendo fundamental estar alertas a los factores de riesgo y saber que el sistema de salud cuenta con una red profesional de apoyo”.

¿Dónde pedir ayuda?

– Salud Responde: 600 360 7777 (Opción 1)

– Hospital Digital: https://www.hospitaldigital.gob.cl/

– Chat Hablemos de Todo: https://hablemosdetodo.injuv.gob.cl/