El desafío de la participación de jóvenes y adolescentes en el proceso constituyente

Porimhay

El desafío de la participación de jóvenes y adolescentes en el proceso constituyente

En pleno debate sobre la posibilidad de derechos políticos para adolescentes en esta discusión, investigadores y académicos de la Universidad de Chile, entre ellos, la directora del Núcleo Milenio Imhay, advierten sobre la necesidad de que estos integrantes de la sociedad participen a través de distintos mecanismos.

La población adolescente asciende al 15% de la población.

Luego de la firma del llamado “Acuerdo por la Paz Social y una Nueva Constitución” y la conformación de su Comisión Técnica el pasado viernes 22 de noviembre uno de los puntos abiertos de debate es la posibilidad de participación de niños, niñas y adolescentes, en particular estos últimos, cuya movilización dio inicio al estallido social.

En total, la población adolescente (10-19 años) asciende a 2.716.838 de personas en Chile, lo que corresponde al 15,6 por ciento del total; de estos, el 52 por ciento corresponde a adolescentes de 15 a 19 años. Para el coordinador Programa de Estudios Interdisciplinarios en Infancias de la Facultad de Ciencias Sociales, Camilo Morales, “es muy interesante cómo esta crisis nos muestran a la infancia y adolescencia como actores y agentes de cambio social, lo cual dista mucho de discursos hegemónicos donde niños y jóvenes aparecen solo como sujetos de protección, en el sentido de que su principal característica sería la vulnerabilidad y por lo tanto el rol del mundo adulto es contenerlos, protegerlos y mantenerlos al margen”.

Estudios demuestran que la formación ciudadana de los jóvenes no aborda aspectos institucionales

Así, para el psicólogo clínico e integrante del Consejo Consultivo de la Defensoría de la Niñez, “el momento constituyente es una oportunidad en que se abren varios caminos. Uno es la posibilidad de que niños, niñas y adolescentes sean reconocidos en la constitución. Si bien hoy tenemos la convención de derechos del niño, esta no tiene rango constitucional, y dada la historia de vulneraciones sistemáticas de derechos a los niños, niñas y adolescentes y la falta de garantías y sistema de protección es un gesto simbólico potente que se les reconozca en una nueva acta constitucional, reflejando un nuevo acuerdo entre la niñez y el estado”.

En la misma dirección, la directora del Núcleo Milenio para Mejorar la Salud Mental de Adolescentes y Jóvenes (Imhay) y académica del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral de la Adolescencia (Cemera) de la Facultad de Medicina, Vania Martínez, coincide en que se debe observar el momento constituyente como una oportunidad.

“Los veo en una actitud de participación clara. La desafección fue una actitud de tiempos anteriores y a partir de esta crisis se ha observado un cambio, porque han sido una punta de lanza del estallido social”. Así, indica que, por ejemplo, en el Imhay se han planteado desde un inicio una forma de intervención participativa porque “nosotros tenemos propuestas de lo que creemos necesitan los jóvenes en términos de su salud mental, pero necesitamos saber si esas les parecen pertinentes y responden a sus necesidades. Lo que no puede ocurrir es que queden fuera del debate y se profundice esta sensación de frustración, que por lo demás no es solo de los jóvenes, sino que los investigadores también la sentimos”.

Grados y formas de participación en debate

Al menos tres de las propuestas de partidos políticos para el plebiscito de entrada y elección de constituyentes mencionan la inclusión de las y los adolescentes con plenos derechos políticos. Sin embargo, independiente de esto, académicos y académicas de la Universidad de Chile advierten sobre los aspectos a tener en cuenta para una participación juvenil efectiva y los riesgos de no lograrlo.

Desde el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE), Liliana Morawietz señala que “los estudios muestran que los conocimientos ciudadanos de los jóvenes se adquieren gracias a la organización, desde los scouts hasta las colectivas feministas. Donde se ven ausencias es en el ámbito institucional, en ese lado tienen debilidades”. Como advirtió la especialista, «si los excluimos no estamos colaborando a que aumente su valoración de la democracia a largo plazo”.

Para Óscar Aguilera, director del Departamento de Estudios Pedagógicos (DEP) de la Facultad de Filosofía y Humanidades, “existen suficientes herramientas y estrategias que pueden facilitar la participación de los jóvenes para que no sea solo conversación, porque recordemos que vienen de muchos procesos en que los han invitado a conversar sin resultados, por lo que la conversación en sí misma ha perdido sentido”.

El investigador señala que a nivel concreto se debiera “asegurar jurídicamente la posibilidad de que jóvenes puedan efectivamente participar no solo en la discusión sino en la toma de decisiones sobre el futuro social, y ahí pienso directamente en la necesidad de reconocer la ciudadanía y por lo tanto el derecho al voto desde los 14 años. De cualquier otra forma lo que vas a tener un ejercicio discursivo, retórico pero que no ata compromisos con los jóvenes. Invitarlos solo a conversar sin poder decidir es una de las cuestiones a la base del estallido social y es una advertencia que venimos haciendo hace rato”.

Enlazar el proceso constituyente con la cotidianeidad de los centros educativos es, para Aguilera, un objetivo importante. «¿Dónde están las y los jóvenes? Mayoritariamente en los espacios educativos. Por lo tanto no se debiera escindir la discusión constituyente del rol que tienen las y los jóvenes en sus espacios educativos. A quienes investigamos temas vinculados a jóvenes, escuela y ciudadanía nos parece que debiéramos ver esto como una oportunidad de redefinir los vínculos del sistema educativo con los jóvenes”.

Así, en su perspectiva, se podría aprovechar el camino ya recorrido con instrumentos como la Ley de Formación Ciudadana. “Si la escuela ya está mandatada para esta formación ciudadana, debieran ser un territorio base para trabajar con la experiencia acumulada. Pero insisto: no puede ser solo una invitación a conversar sino a ser protagonistas efectivos de la ruta constitucional discutiendo y siendo elegidos representantes”, advierte el director del DEP.

Fuente: Antonia Orellana, comunicaciones UChile.
Fotos: Felipe PoGa

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